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Junta || DIRECTIVA

Dr. José María Santolaya Jiménez

La Junta directiva de la SENP, habiendo tenido conocimiento del óbito, del Dr. José María Santolaya el pasado día 6 de marzo del corriente, tras larga enfermedad que resistió con la dignidad que había caracterizado su vida, quiere expresar en este medio, su aflicción y dolor por la pérdida de nuestro compañero, como ya somos conscientes hicieron muchisimos miembros de nuestra Sociedad a título personal. Junta Directiva de la SENP.


El día 6 de Marzo, a las 20.30 horas fallecía el Dr. José María Santolaya en Bilbao rodeado de su esposa e hijos, tras una enfermedad dolorosa –adenocarcinoma de colon-. El proceso había sido diagnosticado en Julio del 2007 y fue considerado de mal pronóstico desde un principio. Es verdad que las penas compartidas con la familia nunca lo son tanto como en soledad.
José María, “Chechu”, en lenguaje familiar, tuvo la inmensa suerte de contar con un entorno familiar que lo tenía arropado y a la vez le ofrecía campo para explayarse en ese tobogán de “subidas” y “bajadas” en las múltiples facetas que constituyen el discurrir de la vida. Su mujer, Araceli del Val de Diego (enfermera), y sus tres hijos –todos varones- Javier (farmacéutico), Carlos (abogado) y Miguel (licenciado en Educación física, ya que venía del deporte de élite – había sido campeón de España de natación en diversas modalidades) – lo hicieron disfrutar de la vida en lo que concierne al ámbito familiar.

Chechu hizo la carrera de Medicina en Valladolid (circunscripción universitaria en la que estaba incluido el País Vasco por aquella época). La irrupción de las especialidades pediátricas a mediados de los 60 y la acreditación de algunas, tanto a nivel nacional como internacional, hizo que se despertara cierta inquietud entre los jefes de servicio de Pediatría – universitarios o no – por contar con especialistas en sus servicios. Así es que el Dr. Hernández, jefe del Servicio de Pediatría del Hospital de Basurto (Bilbao) nos envió a Chechu Santolaya a principios de 1973 para su formación en Neurología Pediátrica (ya habíamos recibido previamente a colegas de otras partes de España con el mismo encargo). No podemos quejarnos. Aquellas incorporaciones temporales a las labores del Servicio – en el que había trabajo para tres veces más del personal médico y auxiliar del que se disponía –nos dieron la oportunidad de conocer a colegas que dejaron la impronta de su personalidad en nuestras mentes. Todas las personas supieron apreciar desde el primer instante la predisposición para aprender sin importar el esfuerzo que hubiera que realizar para lograrlo, la seriedad, la facilidad de contacto y el respeto con el personal del rango que fuera y el sentido de la disciplina de aquel joven vasco. Sus cualidades le hacían ser siempre la persona ideal para cualquier encargo o delegación. Era persona muy reflexiva y cuando emitía una opinión, ésta era “la suya”, que no estaba supeditada a ningún condicionamiento. Mostraba tener su propia personalidad no manejable. Por ello, no nos sorprendió que años más tarde defendiera con moderación y firmeza sus derechos –absolutamente justos y justificados – a figurar como primer autor del libro “Displasias Óseas” aún sabiendo que se estaba cerrando las puertas de la Universidad.

¡Que diferente sería la Universidad Española si hubiera muchas personas con su sentido de la dignidad y la justicia!

El Dr. Santolaya se aficionó a la patología ósea como algo que podía relacionarse con el campo de la neurología pediátrica durante su estancia en nuestro servicio debido a la enorme afluencia de pacientes de toda España por aquella época. Participó en diversos trabajos, incluido el de la descripción de la “Displasia cerebro-facio-torácica” (después conocido como “síndrome de Pascual-Castroviejo tipo I”) cuya primera publicación, hecha en inglés, figura como “Cerebro-facio-thoracic dysplasia:report of three cases. Dev Med Child Neurol 1975; 17:343-351”, en el que él es el segundo autor, lo cual indica que participio activamente en el trabajo. Durante aquella época como compañero nuestro publicó, además tres trabajos en los que figuraba como primer firmante y, por tanto, como el primer contribuyente a su realización.

Tras la estancia formativa en el Servicio de Neurología Pediátrica volvió al hospital de Basurto en Bilbao. Al trasladarse el Prof. M. Hernández a Madrid (Hospital “Ramón y Cajal”) a finales de los 70, hubo un intento por incorporar también al Dr. Santolaya para realizar la Neurología Pediátrica y como hombre de confianza, pero Chechu finalmente, decidió que, tanto él como la familia - que ya había comenzado a formar -, se iban a sentir más ambientados y cómodos en su tierra que en la capital de España, y prefirió quedarse en el hospital de Basurto. Allá hizo una magnífica Tesis Doctoral, que después se convertiría en libro, Displasia Óseas, el mejor existente en España sobre el tema. La Universidad o algunos de sus componentes suelen exigir mucho a cambio de poco y para leer “su” Tesis habría tenido que ceder “sus derechos de primogenitura”, si no hubiera tenido una personalidad tan digna y firme como la suya. Felizmente leyó la Tesis y se publico el libro (778 páginas) en editorial Salvat con él como primer autor. Se le cerró la puerta de la Universidad y se le agigantó su autoestima que es, sin la menor duda, nuestro mayor activo personal. Suponemos que en aquellos momentos sintió unas manos femeninas por detrás que le servían de respaldo y le animaban a no dar un paso atrás. Nada hay imprescindible en la vida excepto el apoyo de la familia y la autoestima.

Posteriormente, Chechu ha llevado una vida profesional en la que se le ha visto presente en todos los eventos científicos nacionales e internacionales para estar al día en los avances de la especialidad. Dado su carácter serio y objetivo, ha permanecido al margen de todos los movimientos grupusculares, marcados por la inquietud, la formación de clanes por el manejo del poder y los favores de los laboratorios –que no de la constitución de grupos de estudio serios – en los que siempre se veían a los mismos con algunas variaciones de sus componentes según conveniencias o situaciones puntuales del estado de las relaciones personales (filias y fobias, ya que no amistades). Como una persona equilibrada y tranquila, Chechu, era poco amigo de “camarillas” en las que sus componentes siempre tienen que buscar algún “enemigo sin causa” para sobrevivir con su mutuo apoyo, y no debió dar opción a entrar en ninguna. Eso le honra, al igual que toda su trayectoria personal y profesional. Querido Chechu, estoy seguro de que serás recordado con afecto y respeto por cuanto tuvimos la suerte de conocerte. Hasta siempre.
A tu familia, nuestra sincera condolencia y afecto.

Dr.Ignacio Pascual-Castroviejo
Beca SENEP de Formación Continuada


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